lunes, 17 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 48: MI LUGAR ESPECIAL



Después de estar un rato calmando nuestras respiraciones nos duchamos juntos y, finalmente, nos vestimos. Mientras preparaba el desayuno le abracé por detrás dejando un beso en su espalda y le susurré al oído.
-Creo que antes ha sido suficiente para convencerte a que me des mi regalo, ¿o no? -Se estremeció y sonreí al notarlo-.
-Sí... La verdad es que sí. Si vas a convencerme de todo así a partir de ahora...
-Ay calla, tonto, que me da vergüenza. -Me sonrojé y se dio la vuelta acariciándome las mejillas-.
-Qué bonita eres... -Sonreí y me dio un suave beso en los labios- Va, voy a por tu regalo.

Me senté en la encimera de la cocina y esperé a que Dani volviera con mi regalo. Lo trajo envuelto en un papel precioso que intenté no romper al abrirlo, pero acabé desesperándome como siempre y rompí el papel.
Cuando vi el regalo se me humedecieron los ojos.
Era una especie de libro lleno de fotos nuestras desde el día que empezamos, incluso de cuando no estábamos juntos. Había una foto mía en el hospital, pero no quiso decirme cuándo me la había hecho. Debajo de cada foto, por los lados, arriba... Por todos lados había frases y comentarios que él había escrito, y en la última página una especie de carta preciosa.
Le miré a los ojos y una lágrima cayó por mi mejilla.
-Dani... Esto es... En serio, es...
-Me alegro de que te guste. -Nos reímos y me limpié las pequeñas lágrimas que habían caído mientras miraba el regalo. Lo dejé en la mesa y le abracé escondiendo mi cabeza en su cuello-.
-No me merezco todo esto... -Me apreté contra él más fuerte deseando no separarme nunca y me acarició la espalda suavemente-.
-Te mereces la luna, las estrellas y todo lo que te puedas imaginar. Eres la persona más buena del mundo, mírate... Eres como una niña, mi niña, pero eres la chica más madura que conozco. –Me estrechó entre sus brazos y dejé un par de besos en su cuello-.
-Venga, vamos a verlo otra vez, porfa. –Cogí mi regalo y tirando de él nos sentamos en el sofá-.

Me senté en sus piernas y Dani rodeó mi cintura con sus brazos, me daba pequeños besos en el hombro y juntos íbamos mirando todas las fotos y leyendo lo que él había escrito, al recordar tanto se me humedecían los ojos, y cada vez que notaba que yo me emocionaba, él se incorporaba un poco y me dejaba un dulce beso en la mejilla.
Al terminar de ver el libro por tercera vez lo dejé encima de la pequeña mesa de madera que había encima del sofá y le abracé fuerte. Al rato me separé un poquito y junté mi frente a la suya.
-Dani…
-Dime.
-Que te quiero, te quiero infinito elevado al infinito… -Sonrió acariciándome la cara y se acercó a mi oído para susurrarme-.
-Y no se puede más. –Me estremecí y me abrazó más fuerte, protegiéndome del mundo-.

Eran las once y media, así que nos fuimos a la cocina a desayunar. Me senté en la mesa pero Dani preparó dos bandejas en las que puso todo el desayuno que había preparado.
-¿Dónde vamos? ¿No vamos a desayunar aquí?
-Más o menos, tú espera aquí.
Vi como se iba hacia un lado del salón y apartaba un poco un armario, dejando una puerta al descubierto. La abrió de un golpe seco y me asusté.
-Dani, ¿qué coño haces? –Me acerqué poco a poco y entró tosiendo y riéndose-.
-¿Te acuerdas que te dije que descubrí una especie de lugar secreto? Mira, sal aquí…
Le cogí de la mano y salí por la estrecha puerta que acababa de aparecer como de la nada. Fuera se podía ver una cascada con un pequeño lago, de ahí que yo escuchaba agua cuando llegamos… Un poco más lejos había un pozo tapado con cemento, y el bosque más verde que nunca había visto. Me quedé boquiabierta al ver todo eso y bajé un escalón de madera que bajaba a ese bosque desde la especie de terraza en la que estábamos, pero Dani me frenó agarrándome del brazo.
-Eh, quieta Pedroche, ¿no lees eso? –Retrocedí y en un árbol se podía leer claramente “NO PASAR. TERRENO PELIGROSO”. Retrocedí más y Dani se rió- Tampoco huyas, que no es para tanto…
-Calla, idiota… ¿Por qué pone eso, y por qué la puerta está tapada, y por qué a este sitio solo se puede acceder desde la casa, y por qué solo lo conoces tú, y…?
-Cris, tranquila hija… Vamos a desayunar y te lo cuento. –Sonreí y asentí con la cabeza-.
Nos sentamos en una mesa de madera que había ahí fuera y Dani me cubrió los hombros con una manta.
-Venga va, cuenta.
-A ver, por donde empiezo… Cuando yo era pequeño vi esa puerta mientras veía la tele, así que moví el armario aprovechando que mis padres y Nacho se habían ido al pueblo y salí aquí. Había columpios y un tobogán que terminaba en el lago. Me puse a jugar aquí y la puerta se cerró, no había otra forma de entrar a la casa porque el terreno está vallado, ya que esto se supone que es privado, solo para esta casa, por eso no se puede entrar desde fuera. Me quedé aquí hasta las diez de la noche que volvieron mis padres, entonces llamaron a la señora de la casa, a Rosa, y tras ver el armario corrido supo que estaría aquí. Abrió la puerta y pude entrar dentro.
-¿Y te quedaste aquí tú solo? Da un poco de miedo, y más de noche… ¿Y por qué está cerrado?
-A eso voy… Me fui con Rosa a su casa y me pidió que no volviera a entrar ahí más. Llamó a alguien para que desmontara los columpios y el trampolín y el tobogán al lago, y mandó asegurar más la puerta, pero yo volví a abrirla un año, después de que mis padres discutieran, porque necesitaba estar solo. Se supone que una niña hace muchos años, jugando, se cayó a aquel pozo y la dieron por muerta. –Me estremecí y Dani me abrazó por los hombros- Si quieres paro de contártelo…
-No, no, termina… Pero no me sueltes ¿vale? –Apoyé mi cabeza en su hombro y sonrió-.
-Tranquila, pequeña.
-Va, sigue…
-Bueno… Dieron a la niña por muerta porque no se escuchaba nada, y el pozo era demasiado profundo. Pasó hace muchos años y no tenían cámaras ni nada con lo que comprobar si ella estaba realmente muerta, así que taparon el pozo con cemento para prevenir otros accidentes como aquel. Dicen que esa noche los padres de la niña escucharon los gritos de su hija desde dentro del pozo, comprobando que estaba viva. Debió darse un golpe al caer y por eso la dieron por muerta, pero se equivocaron. No podían quitar el cemento del pozo, así que la niña acabó muriendo ahí dentro varios días después… Y esa es la historia de por qué esta parte de la casa quedó oculta.
-Vale… Ahora estoy acojonada. ¿Pero y si es una leyenda urbana?
-Eso creía yo cuando era pequeño y Rosa me lo contó, pero al volver años después, yo tendría 17 o así… Hablé con ella y salió el tema, le dije que no me lo creía, pero me dijo que la niña del pozo era su hermana, y esta era su casa cuando eran pequeñas, pero evidentemente, sus padres quisieron venderla y ella la compró anónimamente para alquilarla ahora a gente como nosotros, no quería perder la casa de su infancia… Por eso me dijo que no saliera, no le gusta, ella dice que el alma de su hermana sigue por aquí.
-Ay, Dani… ¿Y no te daba cosa salir aquí?
-No, porque desde el principio no creí la historia, y cuando ella me convenció de que era verdad años después este lugar se había convertido en parte de mí, y no me da miedo estar aquí. Me creo la historia, pero no creo en fantasmas, Cris…
-La verdad es que este lugar es precioso, y si a ti no te da miedo tampoco tiene por qué dármelo a mí.

Sonrió y me atrajo hacia él para abrazarme. Me coloqué bien la manta tapándonos a ambos y dirigí la mirada hacia el lago, entonces me imaginé a las niñas jugando, felices… No pude evitar dejar escapar una lágrima pero al instante sonreí. Estaba feliz de que Dani me hubiera enseñado su lugar especial, ese que solo conocíamos él, yo, y la familia de Rosa. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 47: ¿SUFICIENTE?


Lo primero que noté la mañana de mi cumpleaños fue un beso de Dani en el hombro, y sentí que no podía ser más feliz. Puse mis manos en sus hombros y tiré de él para que quedara encima de mí. Yo aún tenía los ojos cerrados, pero noté como cada milímetro de su cuerpo se pegaba al mío y poco después, sus besos suaves en mi cuello. Subió a mi oreja y me besó dulcemente el lóbulo.
-Feliz cumpleaños otra vez, princesa. –Sonreí y nos giré apoyándome encima de él-.
-Ojalá todos mis cumpleaños empiecen como este. Quiero olvidarlos todos y quedarme solo con este día. –Se rió y me quitó un mechón de pelo de la cara-.
-No digas eso, tontita… Seguro que no fueron tan malos. –Me quité de encima suyo y me tapé con la manta sacando mis brazos fuera-.
-Comparados con este, horribles. –Se puso de lado en la cama apoyándose en el codo y me acarició el brazo que quedaba más lejos de él sonriendo-.
-A ver… Cuéntame qué hiciste el año pasado.
-Pues el año pasado… -me giré hacia él y le cogí la mano- El año pasado yo estaba con Miguel. Y el único regalo que recibí de mi novio fue un guantazo en la cara y un empujón cuando le dije que quería salir por la noche con mis amigas. –Le dije todo esto mirándole a los ojos y me abrazó estrechándome entre sus brazos-.
-Pues tranquila, que a partir de ahora me voy a encargar personalmente de que todos tus cumples sean geniales. –Me habló susurrando y a mí se me puso la piel de gallina. Sonreí y le dejé un beso en el cuello-.
-Te quiero.
-Ais, mi niña… Espera aquí, que voy a darte tu segundo regalo. –Se puso los bóxers y fue de nuevo a su maleta-.
-Oye Dani… ¿Todos mis regalos están ahí? Porque podría haber cotilleado antes. –Se rió y yo me puse la ropa interior sentándome en la cama-.
-Qué graciosilla estás tú hoy, ¿no?
-Será que me hago vieja… ¿Tú lo llevas mal? Eso de ser un abuelo, digo. –Se acercó a mí y me puse de rodillas en la cama. Me cogió de la cintura y subí mis brazos a su cuello sonriendo-.
-Creo que hay una señorita por aquí que aún le quedan dos regalos de cumpleaños, pero que igual se queda sin ellos…
-No, no, la señorita quiere sus regalos.
-A ver, dame una buena razón para que te los dé ahora y no te haga esperar hasta el final del día.
-Hm… -me acerqué un poquito más a él y sonreí- ¿que es mi cumple?
-Eso es una razón muy pobre…
-¿Prefieres que te convenza?

Asintió con la cabeza y presionó sus dedos en mi espalda. Hundí mi cabeza en su cuello y suspiró al notar el contacto de mis dientes con su piel. Me entretuve un rato en su cuello y me separé sonriendo.
-¿Suficiente?
Negó con la cabeza y sonreí pícaramente. Tiré de su brazo e hice que se sentara en la cama. Me senté sobre él con una pierna a cada lado de su cuerpo y me acomodé sobre su cintura. Me agaché para besarle acariciando su pelo y comencé a moverme despacio encima de él. Puso sus manos en mis caderas y me mantuvo ahí para que no me separara. Seguí moviéndome sobre él como sabía que le gustaba y le acaricié el costado sin dejar de besarle, todo muy despacio para no acelerarnos  demasiado, aunque quizá ya fuera demasiado tarde para eso. No me importó.

Noté que ya estaba demasiado contento y me reí mordiéndole el labio.
-¿Qué pasa? –Le señalé para que viera por qué me reía y sonrió acariciándome la espalda- ¿Qué quieres, hija? Si estás ahí… Bff.
-¿Por qué no terminamos con esto antes de mi regalo? –le susurré al oído y suspiró presionando sus dedos en mi espalda. Lo tomé como un “sí” y sonreí-.

De su oreja y tras dejar un pequeño mordisco en ella bajé a su cuello para besarle efusivamente. Necesitaba estar con él, sentirle, pero también quería hacer este momento eterno.
Introduje mis manos en sus calzoncillos y los deslicé hacia abajo haciendo que desaparecieran, una vez más, entre las sábanas.
Volví a colocarme en su cintura y desabroché el cierre de mi sujetador, Dani subió sus brazos y agarrando los tirantes de éste y me lo quitó lanzándolo al suelo para que sus manos ocuparan su lugar. Me agaché hacia él y tras dejar un suave beso en sus labios bajé con mis besos a su pecho. Subí de nuevo a su boca y le besé mientras una de mis manos se dirigía a su parte más íntima.
Le acaricié durante un rato y él mismo me frenó cuando supo que no aguantaría mucho más. Sonreí y me acarició la cara pegando su cuerpo al mío y besándome con mucha pasión.
Nos giró y hundió su cabeza en mi cuello besándome como más me gustaba, y se lo demostré en forma de suspiros que salían directamente desde mi garganta.
Sin esperármelo, mientras jugaba con su boca en mi cuello deslizó una mano por todo mi cuerpo hasta colarla dentro de la única prenda de ropa que me quedaba en el cuerpo. Al sentir el contacto de sus dedos le arañé la espalda echando la cabeza hacia atrás y dándole más accesibilidad a mi cuello. Al poco tiempo le frené igual que había hecho él conmigo antes y terminó de desnudarme lentamente.
Subió sus besos desde mi rodilla hacia arriba, hasta llegar a mi pecho, donde se entretuvo un buen rato. Me agarró las manos subiéndolas encima de mi cabeza y me mordió el labio mirándome a los ojos el segundo que tardó en introducirse dentro de mí. Solté un pequeño grito de placer y cerré fuertemente los ojos, él sonrió y me volvió a besar el cuello dejando suaves mordiscos mientras se movía encima de mí al ritmo de nuestras respiraciones entrecortadas, y yo le apretaba fuertemente las manos haciendo que mis gemidos de placer se perdieran en el aire.  

miércoles, 5 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 46: FELIZ CUMPLEAÑOS


Para mi princesa, por ayudarme tanto estos días
y por hacer que mis noches sean especiales.
Siempre, empate. 

Cuando llegamos eran casi las diez, así que nos pusimos a preparar la cena en la pequeña cocina de la que sería nuestra casa estos cuatro días. Cenamos entre bromas y besos rápidos y cuando recogimos todo le abracé por detrás. Él me acarició los brazos sonriendo y le dejé un beso en la nuca. Colé mis manos por debajo de su camiseta y le acaricié el pecho mientras le dejaba besos lentos en la espalda. Al poco rato me frenó dándose la vuelta y agarrando mis manos. Me dio un beso en los labios inclinándome hacia atrás y sonreí.

-Espera… Que primero tengo que darte tu primer regalo ¿no? Pero bueno, que si no quieres nada, eh.

-¡Sí, sí! Dámelo ya, porfi. –Le puse morritos y se rió-.

-Voy a por él.

-¡Corre!

Fue a la habitación y abrió su maleta. Al volver me dijo que me tapara los ojos y se puso detrás de mí.

-No los abras, eh, no hagas trampa…

-Que noooo, pesado.

Cerré los ojos y me quitó el pelo del cuello, me dejó un beso dulce y acto seguido noté cómo me colocaba un colgante en él. Abrí los ojos y lo miré. No sé qué cara pondría en ese momento, pero estaba realmente impresionada, era lo más bonito que me habían regalado nunca.

El colgante era un simple circulito de plata con un pequeño diamante en uno de los lados, y por detrás estaba rayado C y D, 24. Nuestras iniciales, nuestra fecha, y mi vida entera, lo único que necesitaba para ser feliz.

-¿Te gusta? –Me di la vuelta, aún con el pequeño colgante entre mis manos y le miré a los ojos emocionada-.

-¿Qué si me gusta? Dani, es lo más bonito que me han regalado nunca…

-Ya, bueno… Fui a la tienda de ponys, pero no tenían rosas y opté por eso. –Me reí y le di un golpe en el brazo. Él se revolvió el pelo y sonrió-.

-Qué tonto… Me encanta, de verdad. Muchísimas gracias.

-No las des, pequeña –me acarició suavemente la cara y le cogí la mano- te lo mereces.

Entonces supe que sobraban las palabras, comprendí que nada de lo que dijera a continuación estaría a la altura. Miré sus labios con deseo y él me acercó un poco más a su cuerpo mientras yo subía los brazos a su cuello.

Sonreí a dos milímetros de sus labios y los junté con los míos en un beso lento, un beso dulce pero a la vez pasional, un beso que decía ‘te quiero’ a gritos.
Ayudándose por sus labios, Dani abrió los míos y coló su lengua para entrelazarla con la mía. Al principio jugueteaban nerviosas, como conociéndose, aunque ya fueran dependientes la una de la otra desde hace mucho tiempo. Después ese beso tornó en otro más pasional.

Colé mis manos por debajo de su camiseta y la deslicé despacio hacia arriba, solo separándome de sus labios para deshacerme de ella y que cayera al suelo. Noté sus manos, esas manos sin las que yo ya no podría vivir, en mis costados, e hizo lo mismo con mi camiseta que lo que yo había hecho con la suya hacía pocos segundos. Sonrió dentro del beso y me hizo sonreír a mí también.

Le desabroché el pantalón y caminé de espaldas hasta el dormitorio deshaciéndome de éste por el camino. Me empujó suavemente a la cama y tiró hacia abajo de mis vaqueros al ver que sobraban.
Se puso sobre mí y me agarró las manos subiéndolas por encima de mi cabeza. Se quedó mirándome y me incliné para darle un pequeño beso en los labios.
-No me mires así, que me da vergüe… -No me dejó acabar, me robó un beso y yo sonreí-.

Bajó sus besos por mi mejilla y tras susurrarme un ‘te quiero’ al oído empezó a besarme el cuello muy despacio. Me solté de sus manos y le quité los bóxers para después presionar su espalda con mis uñas. Esto lo aceleró aún más y tras un pequeño mordisco nos giró para que yo quedara encima. Me senté sobre él y desabroché mi sujetador tirándolo al suelo, Dani sonrió y me atrajo hacia él para pegar nuestros cuerpos. Me acarició la espalda desde arriba y cuando llegó abajo deslizó mi ropa interior por mis piernas hasta que se perdieron entre las frías sábanas que nosotros nos estábamos encargando de calentar.
En ese momento sonó un pitido en el móvil. Las doce en punto.

-Feliz cumpleaños, mi niña.

Me apartó el pelo de la cara y volví a besarle, esta vez más rápido. Le besé el cuello y cuando soltó el primer gemido nos dio la vuelta para volver a tener el control de la situación. Le acaricié el pelo de la nuca y nos miramos a los ojos a la vez que notaba como se introducía dentro de mí. Eché la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y pegó sus labios a mi cuello dejándome suaves mordiscos en él mientras comenzaba a moverse sobre mí. Se me escapó un gemido agudo y atrapé su labio inferior entre mis dientes. Sus manos recorrían todos los rincones de mi cuerpo y yo me limitaba a agarrarme a su espalda y besarle el cuello, el hombro, el pecho… Cuando terminó le pedí más y me coloqué encima de él para llevar yo las riendas.

Puso sus manos en mi cintura y me moví encima de él dejando que nuestros gemidos se perdieran en la habitación.

Cuando los dos terminamos caí rendida a su lado, pero no tardé en sentir el frío de la noche y me abracé a su pecho cerrando los ojos.
Dani cogió una manta y nos la echó por encima volviendo a abrazarme. Terminó de calmar mi respiración acelerada con sus caricias en mi espalda y al poco tiempo me quedé dormida en su pecho, sonriendo.


miércoles, 29 de agosto de 2012

CAPÍTULO 45: NUESTRA ESCAPADA

Me desperté varias veces por la noche a causa de los nervios, pero al final conseguí descansar hasta las diez y media que me había puesto el despertador. Me levanté de un salto de la cama y fui a la cocina. Abrí el armario donde tenía todas las cosas del desayuno pero me dio angustia, así que preferí no desayunar… Me vestí con un pantalón largo y una camiseta de tirantes y bajé a la calle a comprar algunas cosas para el viaje.

A las dos y media estaba aburrida, así que llamé a Irene y estuve hablando con ella una hora entera, se me pasaba el tiempo volando pegada al teléfono, luego las facturas hablaban por sí solas…

Me hice un sándwich para comer y me puse a ver la tele hasta que Dani llegó a por mí. Cogí la maleta, el bolso, las llaves, apagué todas las luces y bajé al portal. Mi sonrisa iba aumentando conforme me acercaba a él, y cuando llegué a su lado miré para los dos lados para comprobar que no había nadie y le di un pequeño beso en los labios.

-¿Preparada?

-¡Preparadísima! –Cogió mi maleta para echarla al maletero y me monté en el coche. Puse la radio y me coloqué las gafas de sol-. ¿Cuánto tiempo es de viaje?

-Bueno… Digamos que te da tiempo a dormirte.

-¿Tanto? –Se rió y arrancó-.

-No te preocupes, que yo te hago mis súper imitaciones y se te pasa muy corto.

-Uy… Qué subidito vas ¿no, Martínez?

-Cada uno presume de lo que puede.

-¿Y yo de que podría?

-Esta noche te lo digo. –Me guiñó un ojo y solté una carcajada-.

-Qué imbécil eres…

-Sí, sí… Lo que tú digas. –Sonreí y me puse a cantar lo que sonaba en ese momento en la radio-. Qué bien cantas, cari…

-¡Ay, cállate! –Se rió y me cogió la mano para darme un beso en ella sin dejar de mirar a la carretera-. Dani…

-Dime.

-¿Me das una pista de mi regalo?

-¿De cual de los tres?

-¿¡Tres!?

-Claro. Venga, de cual. –Se rió y empecé a jugar con las luces del coche-.

-Hm… Pues… Del tercero.

-Del tercero…  Es muy pequeño.

-¿De qué color?

-Plateado. ¡Y ya no te doy más pistas, que me lías!

-Jo… Vale. ¿Pero me los puedes dar esta noche?

-Solo uno, los otros dos mañana. ¡Y deja ya eso, que me pones nervioso! –Me reí y dejé de jugar con las luces del coche. Me acomodé para dormirme y noté como Dani me hacía cosquillas en el brazo-.

-¿Si me quedo dormida te vas a aburrir? –dije ya con los ojos cerrados-.

-No te preocupes cariño, duérmete que el viaje es largo. –Siguió con las cosquillas en mi brazo y sonreí para quedarme dormida. Al rato me desperté y me estiré lo que pude dentro del coche-.

-Hm… Hola… -me froté los ojos y sonrió-.

-Me encanta eso que haces cuando te despiertas.

-Mira este… ¡Si tú y yo nunca hemos dormido juntos!

-No, es verdad. Ni nunca nos hemos dado un beso, ni nada, ¿no?

-Qué va… -Me reí y me abracé a mí misma-. Hace frío.

-Claro, es que vas en tirantes. Ahora cuando pueda paro y te cojo una sudadera de atrás, y estiramos las piernas ¿quieres? –Asentí con la cabeza y me puse a mirar mi twitter-.

-Pff…

-¿Qué pasa?

-¿Qué? Nada. –Guardé el móvil en el bolso y me senté bien-.

-¿Ya te están insultando, no? –Nos miramos un momento a los ojos y encontró un sitio para parar-.

-Pero que no importa, no me afecta esa gentuza.

-Sabes que sí te afecta, y por tanto me afecta a mí también…

-Pero bueno, luego me encuentro las menciones de mis ñoñas y me suben el ánimo, son un amor… -Sonreí y me bajé del coche estirándome-.

-Sí que son majas. –Me dirigí al maletero pero Dani me frenó-. Ey, quieta ahí Pedroche, que te conozco… Tú lo que quieres es ver tu regalo. –Me reí encogiendo los hombros y me senté en la parte delantera del capó del coche-.

-Cari, ¿te vale esto? –Me enseñó una sudadera enorme y asentí con la cabeza riéndome-.

-Claro, me pondré tu saco… -Se acercó riéndose y me ayudó a ponérmela. Cuando tenía la sudadera puesta me arregló el pelo y me acarició la cara sacando el móvil-.

-¿Me dejas que te haga una foto?

-¿Una foto? ¿Para qué? No, no…

-Que sí, venga, que estás preciosa. –Intenté quitarle el móvil riéndome y justo en ese momento me hizo la foto y se lo guardó rápido en el bolsillo- ¡Dani!

-Calla, tonta. –Se acercó a mí y me apoyó en el cristal del coche. Subí mis brazos a su cuello y sonreí al notar el contacto de mis labios con los suyos. Me besó muy despacio inclinándose sobre mí y cerré los ojos disfrutando de sus besos. Bajó a mi cuello muy lentamente para más tarde volver a mi boca y besarme de nuevo de la forma más dulce que lo había hecho nunca. Sonreí y me senté de nuevo en el capó dejándole hueco entre mis piernas-.

-¿Y esto? –Me mordió flojo el labio y sonrió-.

-Que te quiero. –Me abracé a su cuello dejando un par de besos en él y le susurré al oído-.

-Yo sí que te quiero. –Sonrió y me dio dos palmaditas en la espalda-.

-Venga, que si no vamos a llegar mañana por la mañana.

 

Nos montamos de nuevo en el coche y fuimos los tres cuartos de hora que quedaban de camino contando anécdotas del programa y haciendo bromas, y al final sí, acabó haciéndome morir de risa con sus imitaciones.

Llegamos por fin al sitio donde estaba la casa, y al ser de noche daba un poco de miedo, la verdad. Estaba todo oscuro y solo se oían algunos grillos y ramas crujir, pero por la mañana tenía que ser precioso. También se oía el rumor del agua a lo lejos y sonreí al imaginarme los cuatro días geniales que me quedaban allí con él.

Bajamos del coche y entramos a la casa. Era una cabaña de madera preciosa. Tenía un salón pequeño y muy acogedor, una cocina no mucho más grande, un baño y una habitación amplia con una cama enorme.

La señora de la casa estaba dentro esperándonos, Dani le pagó y nos dio un número de teléfono por si necesitábamos algo.

-¡Cuánto tiempo sin verte por aquí, Daniel! Esta vez traes compañía nueva.

-Pues sí, Rosa, ya hacía varios años que no venía. Siempre es un gusto. Ella es Cris, mi novia. –La saludé con dos besos y miré a Dani sin entender nada. Me hizo un gesto como diciendo “luego te lo explico” y la señora sonrió-.

-Ay nene… Me alegro de que hayas sentado la cabeza. –Dani se rió y me cogió la mano-.

-La verdad es que yo también… -Se despidieron pero Rosa se giró diciendo algo que me descolocó-.

-Dani, hijo… Ten cuidado si vuelves a salir ahí fuera, que yo soy muy desconfiada eh…

-Que sí, usted tranquila, que le tengo dicho que ahí no hay nada malo. –Dani sonrió y la señora se fue-.

-¿Os conocíais? –Subí mis brazos a su cuello y él puso sus manos en mi cintura-.

-Sí, he venido aquí muchas veces. –Me solté de sus brazos y me senté en el sofá-.

-¿A qué se refería con salir fuera? ¿A dónde?

-Eso te lo enseñaré mañana.

-A saber a cuantas chicas has traído aquí…

-Eres la primera persona que traigo aquí, y quiero que seas la última. Solía venir con mi familia cuando Nacho y yo éramos críos, y un día haciendo el tonto descubrí un sitio que no conoce nadie, o eso creo, es como mi sitio especial. Siempre venía cuando quería estar solo o cuando tenía problemas, por eso nunca he traído a nadie.

-¿Y por qué me has traído a mí? –A estas alturas mi cara ya estaba empapada de lágrimas. Dani se sentó en la mesa de en frente del sofá y me cogió las manos-.
-Porque tengo claro que tú eres la definitiva.

domingo, 26 de agosto de 2012

CAPÍTULO 44: Y NO SE PUEDE MÁS...


Finales de octubre. Dani y yo llevábamos algo más de un mes y medio juntos, y estábamos genial. Si discutíamos por algo siempre acabábamos arreglándolo en seguida y llevábamos mejor de lo que pensábamos el no poder estar juntos en horas de trabajo.

 

Ese día llegué pronto a plató, era martes y teníamos el resto de la semana libre porque pondrían programas grabados. Pasé por Flocución a recoger el guión y fui a mi camerino, nada más entrar noté unos brazos abrazándome por la cintura y dí un respingo asustada.

-¡Joder, Dani! Qué susto… -Sonreí y le acaricié los brazos-. ¿Cómo es que has llegado tan pronto?

-Buenos días a ti también… -Me giré para quedar frente a frente y le rodeé el cuello con los brazos sentándome en la mesa-. He venido pronto porque tenía ganas de verte, porque tengo que hacerte una propuesta que no podrás rechazar. –Me dio un beso en los labios y sonreí-.

-¡Dímela!

-Bueno, como el sábado es tu cumple, quería proponerte… -En ese momento Flo entró sin llamar y Dani se separó rápido-. Quería proponerte… Que fueras a hacer un repor a una gala de Dani Rovira… -Se inventó una excusa para que Flo no sospechara y me bajé de la mesa-.

-Em… Sí, claro. Si a Flo le parece bien y… -Flo nos miraba raro pero hacía como si no hubiera pasado nada-.

-¿El sábado? No Cris, mejor tómate estos días libres, que encima es tu cumple, descansa un poquito. –Vi como Dani sonreía más de lo normal y mis ganas por saber su verdadera propuesta aumentaron-.

-Vale, como quieras. –Sonreí y abracé a Flo-.

-Dani, vente conmigo un momento anda, que tengo que comentarte unas cosas de una sección nueva.

Se fueron y me dejó con la duda de lo que era su propuesta, pero a los dos minutos me llegó un whatsapp suyo: “cuando acabe el directo sube a la terraza y te cuento J”

Fui al camerino de Anna y terminamos de repasar juntas el guión, aproveché para preguntarle si ella sabía algo de lo que tenía que hablar Flo con Dani, pero no tenía ni idea tampoco.

Hicimos el programa y cuando me tocaba salir Dani me guiñó un ojo, cada vez tenía más ganas de saber qué iba a proponerme. Acabaron el programa y yo ya estaba en la terraza unos diez minutos cuando subió.

-Por fin…

-Perdona amor, Flo hoy está de un pesado… -Me atrajo hacia él de la cintura y me dio un beso con mucha dulzura que hizo que me estremeciera entre sus brazos. Se rió aún con su boca pegada a la mía y le di flojo en el brazo-.

-No te rías de mí, idiota.

-Es que me encanta que te den escalofríos cuando te beso. –Sonreí y le mordí flojo el labio inferior-.

-Pues vuelve a besarme. –Me miró a los ojos y los dos dejamos de sonreír, sobraban las palabras en ese momento. Cerré los ojos y me besó otra vez pegando su cuerpo al mío sobre la barandilla de la terraza. A los pocos minutos nos separamos-.

-Ya está, que me lías y estamos en medio de la terraza, Cris…

-Es verdad. –Le di un beso en el pecho y me separé un poco-. Esto es una mierda…

-Bueno, a mí con estos momentos me vale. –Sonreímos y nos sentamos en dos sillas que había por allí-. ¡Oye, que al final se me olvida lo que iba a decirte!

-¡Cierto! Venga, di. –Sonreí como una niña pequeña-.

-Pues que como el sábado es tu cumple y tenemos días libres, he reservado una casa rural a unas horas de Madrid, en la sierra, para los dos solos. Sin jefes, ni cámaras, ni gente que nos moleste para estar juntos.

-¿Lo dices en serio?

-Sí… ¿Qué pasa? Si no quieres no pasa nada, podemos… -Le corté tirándome encima de él y llenándole de besos-.

-Sí, sí, sí, sí y sí. ¡Pues claro que sí! –Nos reímos y me abrazó-.

-Vaya, me alegro de que te guste tanto la idea.

-¿Bromeas? ¿Pasar mi cumple contigo, y fuera de Madrid, sin nadie que nos moleste? ¡Joder Dani, es perfectísimo! ¿Cuándo nos vamos?

-Jajajajaja, no seas impaciente… Nos vamos mañana por la tarde y llegaremos allí por la noche, así que tienes toda la mañana para preparar la maleta… ¿Crees que lo lograrás?

-Hm… Es muy poco tiempo eh… ¡Pero sí!

-Vale amor, pero llévate ropa de abrigo que allí hace más frío y ya empieza a refrescar. –Sonreí y le di un beso corto-.

-Gracias, Dani.

-Bueno, bueno, ya me las darás cuando pases el mejor cumple de tu vida. –Me dio con el dedo en la nariz-.

-¿Y qué me vas a regalar?

-Ah, eso es sorpresa… -Me levanté de encima de él justo a tiempo después de un beso en la mejilla. En ese momento subieron Anna, Raúl y Juange. Les llamé para que se sentaran con nosotros y Juange sacó el tema-.

-¿Y Cris, tú qué vas a hacer estos días?

-Pues… Me voy todos los días a la parcela con mis padres, que aquí en Madrid nos desesperamos. –Miré como Dani se reía y le preguntaba a Raúl qué iba a hacer-.

-Pues nada Dániel… Me quedaré en Madrid los dos primeros días entreteniendo a la rubia, que se queda aquí, y luego me iré a Barcelona  con la familia, supongo. 

-¿Y tú Annita?

-Pues yo me quedo miércoles y jueves aquí para resolver unos asuntillos y luego me iré a Mollet con estos dos –señalando a Juange y a Raúl- pero ellos se quedarán en BCN. ¿Y tú?

-Yo… Pues a León con la familia y eso. –Anna nos miró a Dani y a mí y entendió por mi mirada que pasaríamos esos días juntos-.

-Bueno chicos… -intervine yo-. Yo me voy ya, que tengo que hacer muchas cosas para llevarme mañana a la parcela y otras movidas… -Me despedí de todos con un abrazo y cuando abracé a Dani bajó la mano a mi trasero sin que nadie lo viera. Le guiñé un ojo sonriendo y me fui a mi casa-.

 

Empecé a preparar la maleta, no paraba de turrar a Dani con whatsapps… Que si me llevaba bikini, que si pantalones largos o cortos, que si chaquetas… Al final eché tres pantalones largos, dos cortos, una chaqueta finita, dos bikinis, un vestido y quinientas camisetas. Se podría decir que mi maleta iba llena de “por si acasos”.

Cuando ya iba a acostarme me llegó un mensaje de Dani:

“Duérmete pronto y no estés nerviosa, que te conozco. Va a ser el mejor finde del mundo. Recuerda que mañana paso a por ti a las cinco. PD: no hace falta que te lleves todo el armario. PD2: te echo de menos. PD3: buenas noches, princesa. PD4: te quiero”

 

“Llegas tarde cari, ya estoy muerta de nervios y tengo que pasar la mañana entera… PD: no he echado tantas cosas… PD2: yo más. PD3: buenas noches, amor. PD4: te quiero. PD5: te quiero (…) PD32419431: te quiero infinito”

 

“Elevado al infinito”

 

“Y no se puede más…”

viernes, 17 de agosto de 2012

CAPÍTULO 43: UNA TONTERÍA


Para Pau, porque sí, porque
sobran las palabras. 
Te quiero.

Después de lo de Castellón incluso subimos la audiencia, no demasiado, pero un poco subió. Últimamente estábamos haciendo buenas cifras y la gente nos conocía bastante, pero a veces las críticas eran muy duras.
Me levanté pronto esa mañana y me duché tranquilamente. Desayuné un poco y me fui a los estudios. Cuando llegué no había nadie todavía, así que me encerré en mi camerino y saqué el móvil. Por una vez en mucho tiempo me puse a leer todas las menciones, algunas me sacaban sonrisas increíbles, pero otras… El caso es que siempre dicen que las personas, por el motivo que sea, nos quedamos solo con lo malo, y eso me pasó a mí.
No entendía la manera de criticar que tenía la gente. Quiero decir… Si no te gusta una persona, o no te cae bien, tienes dos opciones: o callarte y no mirar, o decírselo con educación, pero era muy fuerte las cosas que me llegaban.
Sabía que no debería afectarme… Al fin y al cabo es gente que no conoces, que no te conoce, pero al fin y al cabo ellos lo pensaban, y eso dolía.
Empecé a llorar sin motivo aparente. No es que todos esos insultos me afectaran demasiado, pero lo hacían, y me daba rabia. Al poco tiempo me quedé dormida en el pequeño sofá de mi camerino.

Noté como alguien me zarandeaba el hombro y al abrir los ojos vi a Flo sonriendo.
-Chiquilla, que te has quedado dormida. ¿Pero a qué hora has llegado?
-Pues… A las nueve y media o así, no tenía nada que hacer en casa. –Me froté los ojos sentándome en el sofá y entró Dani-.
-Hombre, la bella durmiente… -dijo Dani riéndose. Se sentó en una silla en frente de mí y de Flo- ¿Estás bien, Cris? –Le miré a los ojos dándole a entender que no y Flo se sentó a mi lado-.
-¿Has estado llorando?
-No, son tonterías… No os preocupéis, en serio.
-Pero…
-Que no pasa nada, Flo, tranquilo. –Dani me miraba fijamente y le di un beso en la mejilla a cada uno- Voy a maquillaje, a ver qué pueden hacer con esta cara…
Dani sonrió como un niño al notar mi beso y los dos salieron de mi camerino detrás de mí. Fui a maquillaje y luego a vestirme. Me pasé todo el día con una sonrisa falsa en la cara que, al parecer, convenció a todos. A todos menos a Dani. En la publicidad del directo vino al sofá del plató en el cual yo estaba sentada e hizo que le mirara.
-Sabes que puedes engañar a todos con esa sonrisa preciosa, pero a mí no. –Me pasó un brazo por los hombros y contuve las ganas inmensas que tenía de abrazarle-.
-Ya lo sé… -Agaché la cabeza y volvió a obligarme a mirarle-.
-¿Qué te pasa, mi niña? –hablaba muy flojito para que no nos oyeran. Negué con la cabeza y cerré fuerte los ojos. Entonces me sacó fuera del plató y me acercó a él abrazándome-.
Yo ya había presentado mi reportaje, así que me daba igual estropear el maquillaje y me derrumbé entre sus brazos. Flo pasó por nuestro lado pero Dani le hizo un gesto para que se fuera, que luego le explicaría… Yo lloraba cada vez más, se puede decir que lo necesitaba. Necesitaba estar con él, que me abrazara como lo estaba haciendo ahora mismo.
No quedaba casi tiempo de publicidad, así que intenté calmarme y mis llantos acabaron quedándose en sollozos gracias a las caricias de Dani en mi espalda. Me cogió la cara entre sus manos y pude notar la preocupación en sus ojos.
-¿Tienes repor esta tarde? –Negué con la cabeza y me secó las lágrimas con un pañuelo que sacó de su bolsillo- Vale. Pues en cuanto acabe el programa te vienes a casa y me lo cuentas todo ¿me oyes? Y no llores más, Cris, por dios… No soporto verte llorar. –Asentí y volví a abrazarme a él más tranquila-.
-Gr.acia.s… -dije con la voz aún ronca y entrecortada-.
-Gracias por nada. Ahora ve a tu camerino y descansas, ¿si? –Intenté ponerme bien pero me mareé y suspiré- ¿Estás mareada, verdad?
-Un poco… Pero se me pasa.
Le preguntó a Meri cuánto quedaba para entrar y le contestó que cuatro minutos. Me cogió en brazos y enterré mi cara en su cuello. Me llevó por el pasillo hasta mi camerino y me dejó tumbada en el sofá.
-Tengo que terminar el programa, espérame aquí ¿vale? –Asentí poniéndome la mano sobre la frente y otra en el pecho. Dani me dio un pequeño beso y se fue a terminar el programa-.
Al rato me levanté del sofá porque ya me encontraba mejor y fui al baño a lavarme la cara. Tenía todo el maquillaje esparcido por la cara, así que cogí papel y me lo quité como pude. Cuando empecé a escuchar ruido fuera y di por hecho que el programa habría terminado fui hacia mi camerino, vi a Dani saliendo y me acerqué.
-Ah, estás aquí… -Asentí con media sonrisa y sonrió un poco- ¿Estás mejor?
-Sí… Si ha sido una tontería.
-Cristina, no se llora así por una tontería.
-Bueno… Es que soy –me cortó poniéndome el pelo detrás de la oreja y sonreí-
-Muy sensible. Si ya lo sé, pequeña. Pero no te vas a librar de contármelo, eh. Coge lo que tengas que coger y vámonos antes de que la puerta se llene de gente.
-Vale, salgo en dos minutos.

Recogí un poco el camerino y cogí el bolso y las llaves de casa, aunque algo me decía que no pararía por allí esa noche. Salí a la puerta y esperé a que Dani sacara el coche del garaje para montarme.
Hicimos todo el camino en silencio hasta su casa. Llegamos allí y caí rendida en el sofá. Siempre que me mareaba después de llorar o porque había estado mucho tiempo sin comer estaba muy cansada después.
-Estoy agotada…
-Lo sé –Fue a la cocina y apareció a los pocos minutos con un cola-cao. Sonreí y me senté recta subiendo los pies al sofá y encogiendo las rodillas sobre mi pecho- Supongo que no habrás comido.
-Me conoces bien… -cogí el cola-cao y le di un trago pequeño- Gracias.
-De nada, cielo. Voy a ponerme cómodo, ahora vengo. –Asentí con la cabeza y cuando volvió de cambiarse de ropa yo ya me había terminado mi merienda- ¡Qué rápida!

Sonreí dejando la taza encima de la mesa y Dani se sentó a mi lado suspirando
-A ver Cris… Si te vas a poner mal otra vez y todo eso no me lo cuentes, ya me lo contarás otro día, pero no quiero que vuelvas a marearte ni nada de eso ¿vale? -le corté y le dejé sitio a mi lado-.
-No, en serio. Si ha sido una tontería, pero en ese momento me he agobiado y no sé… Cuando me has abrazado me he derrumbado. Es que te echaba de menos. –Sonrió acariciándome la cara y yo sonreí también-.
-Va, pues tú dirás.

Le conté todo lo que había pasado… Que había llegado pronto a plató, que había cogido el móvil, que había entrado en twitter… A partir de ahí ya empezó a imaginarse lo que había pasado y suspiró.
-Quizá te parezca una tontería y sé que no debería afectarme, pero por más que lo intento no puedo, Dani. Yo… Sé que no es verdad todo lo que me dicen, pero se te quedan grabadas las cosas malas y no las buenas, siempre pasa así… -Agaché la cabeza y me atrajo hacia él. Me recosté en su pecho y comenzó a acariciarme el pelo-.

Al final con sus palabras, como siempre, me convenció de que no tenían que afectarme esas cosas y una cosa llevó a otra y no sé como, de un minuto a otro  ya estábamos hablando de tonterías y riéndonos de cualquier cosa. Por eso le adoraba, por hacer que el momento más amargo terminara en uno inolvidable, de esos momentos que no quieres que acaben nunca.

CAPÍTULO 42: CASTELLÓN (PARTE 2)


Estaba agotada, pero las ganas de estar con Dani me podían, así que me quité los vaqueros y la camiseta de Otra Movida y me puse un vestido de playa abotonado a la espalda. Bajé las escaleras hasta la primera planta del hotel corriendo y en la puerta trasera estaba Dani esperándome, tal y como me había dicho.
Cuando le vi dejé de correr y empecé a caminar hacia él con una sonrisa en la cara. Al llegar a su lado alargó la mano y me acercó a él despacio, colocó su otra mano en mi cintura para terminar de atraerme hasta él y me abrazó acariciando mi pelo, yo escondí mi cabeza en su cuello y rodeé su espalda con mis brazos.
-Me encanta como hueles. –Sonreí y me separé un poco cogiendo su mano-.
-Gracias… -le miré a los ojos- ¿A dónde vas a llevarme? –Me cogió de la mano sin contestarme y salimos a la calle. Me soltó para que nadie nos viera y caminamos un poco alejados. Lo único que quería era ir abrazada a él, pero estábamos en plena calle y todo el mundo podía vernos-.
-Ven por aquí. –Me empujó suavemente de la cintura y bajamos a la arena de la playa-.
-Pero Dani… Esto está lleno de gente.
-Ya, pero no nos vamos a quedar aquí. ¡No seas impaciente! –Solté una pequeña carcajada y le seguí hasta una esquina de la playa llena de rocas. Él subió primero y me ayudó a mí a subir detrás de él-.
Cuando cruzamos un trozo de rocas, al otro lado apareció una pequeña playa en la que no había nadie. Las rocas habían separado ese trocito de la playa grande y parece que nadie se había molestado en ver qué había al otro lado. Sonreí y Dani se giró hacia mí colocando sus manos en mi cintura.
-Ahora sí que estamos solos. –Antes de que pudiera contestarle me acercó a él y juntó nuestros labios. Suspiré cerrando los ojos y entrelacé nuestras lenguas besándole muy despacio-.
-Te quiero.
-Yo te quiero más. –Me acarició la cara sonriendo y le coloqué el cuello de la camisa sonriendo-.
-¿Quieres darte un baño? –Al instante me separé un metro de él y le señalé con el dedo-.
-No, no.
-Yo creo que sí… -Se acercaba a mí y yo caminaba hacia atrás-.
-Daniel Martínez, te mato, te lo juro. Que no. No, no y no. –Se acercó más a mí y empezamos a correr por la playa, Dani persiguiéndome y yo corriendo delante de él, hasta que miré para atrás para comprobar si me seguía y me tropecé cayéndome de boca al suelo-.
-¡Cris! ¿Estás bien? –Me giré riéndome y me llevé la mano al codo, cuando la miré estaba llena de sangre-.
-Eso creo. –Seguía riéndome flojito y Dani se sentó a mi lado- Mira que soy torpe, eh.
-Madre mía… -Se rió al ver mi reacción y me cogió el brazo- ¿No te duele?
-Bastante, pero soy feliz ahora mismo. –Sonreí sentándome en la arena y Dani me ayudó a levantarme- Pues ahora sí que tengo calor… ¿Nos bañamos?
-¡Vamos!
-¡Ay, no! Dani… No tengo bikini. Si quieres voy al hotel, y… -Me cortó con un beso y se quitó su chaqueta dejándola caer a la arena-.
-Si vas ahora al hotel te vas a arrepentir, porque realmente hace frío pero ahora tienes calor de haber corrido.
-¿Alguna idea mejor? –Se puso detrás de mí y desabrochó uno a uno los botones de mi vestido mientras me besaba lento el cuello. Me mordí el labio sonriendo y dejó caer mi vestido al suelo. Buscó con sus manos el enganche de mi sujetador pero le frené- Eh, para el carro…
-Tenía que intentarlo… -Me reí quitándole también su camisa y sus vaqueros y me cogió de la mano- ¿Vamos? –Le apreté la mano y empezamos a correr juntos hasta el agua, pero cuando metí los pies solté la mano de Dani y se giró riéndose-.
-Dani, está congelada…
-¡Esa es la gracia, venga! –Retrocedí pero me cogió en brazos y se metió al agua hasta la cintura-.
-¡¡Idiota, bájame!! –Le golpeé la espalda y se rió-.
-¿Te bajo?
-¡No! Llévame fuera…
-Vaaaale… ¡Ay, que me caigo! –Hizo como si se tropezara y caímos los dos al agua. Creo que tragué cuatro litros de agua al caerme y empecé a toser. Él se reía mirándome y le eché agua en la cara-.
-Joder Dani, que está helada.
-Pues ven aquí. –Abrió los brazos y me giré-.
-No, estoy enfadada. –No tardó más de cinco segundos en abrazarme por la cintura y no pude evitar sonreír. Me giré rodeando su cintura con mis piernas y me pegué a él- Tengo frío…
-Tienes los labios morados. –Sonreí tiritando y me quité el pelo de la cara-.
-Tú también, que lo sepas. –Noté como su mirada saltaba entre mis ojos y mis labios y le besé. Al rato nos acostumbramos a la temperatura del agua pero seguíamos abrazados. Me miró fijamente y le aparté la mirada-.
-¿Qué miras?
-¿Sabes? No me cansaría nunca de esto, de estos momentos contigo. No los cambiaría por nada porque es lo mejor que tengo. Lo dejaría todo, mataría y moriría por ti, por estar a tu lado, por no separarnos nunca y por que esa sonrisa que tienes en la cara durara todos los días de tu vida. Quiero que seas feliz, Cris, quiero hacerte feliz, más que nadie en el mundo. Eres mi vida, porque no necesito nada más que a ti para vivir.

Después de decirme todo eso me quedé a cuadros, nunca me había dicho lo que sentía tan abiertamente y no pude reprimir las lágrimas.
-Dios… Yo… Joder. –Tenía la piel de gallina y sonrió acariciándome la cara-.
-Te adoro, Pedroche.
-Yo sí que te adoro…

Salimos del agua a los pocos minutos y caminamos abrazados hasta el hotel. Era de noche y no había casi nadie por la calle, así que no nos preocupamos demasiado. Yo llevaba puesta su chaqueta y tenía mucho frío, y él me abrazaba por los hombros.
Cuando llegamos a la puerta de mi habitación nos despedimos con un beso y él se fue a la suya, tan solo a tres puertas de la de Anna y mía. Entré a la habitación y me quedé perpleja al ver a Anna y a Raúl durmiendo abrazados en la cama. Solté una pequeña risita y entonces me di cuenta de que todo estaba saliendo perfecto. ¿Raúl dormía con Dani, no? Pues parece ser que la que iba a dormir con Dani esa noche era yo.

Cogí mi pijama sin hacer ruido para no despertarles y salí de la habitación rumbo a la de Dani. Llamé a la puerta tres veces e incluso le llamé al móvil, pero nada, no contestaba… Me senté en el pasillo del hotel y esperé. Dentro se oía agua, así que supongo que se estaría duchando. Me estaba quedando dormida cuando Dani me envió un whatsapp, aún sin saber que estaba en su puerta. Sin contestarle volví a tocar y me abrió la puerta con una toalla en la cintura.
-¡Eres un huevón! Luego me dices a mí que tardo en ducharme… Si cojo una pulmonía es por tu culpa. –Le señalé con el dedo y entré en la habitación dejando mi pijama sobre la cama y me miró sin entender nada- ¿Te explico, mejor?
-Va a ser que sí… -Se rió y me senté en la cama-.
-Básicamente, que tu compañero de habitación está durmiendo con la mía, así que no tenemos más remedio que dormir juntos… Es una pena.
-¿No jodas? ¿Anna y Raúl? Flipa… -Me reí y me levanté cogiendo el pijama- Pues mira, me han alegrado la noche…
-A mí también. Pero voy a ducharme que tengo el frío metido en los huesos, me has tenido media hora esperando ahí tirada.
-Joder… Lo siento.  –Me reí y entré en el baño-.
-Espérame despierto, porfi.

Me metí en la ducha y abrí el agua caliente a tope. Al salir me peiné y me puse mi pijama. Salí corriendo del baño y me metí debajo de la manta abrazando a Dani.
-Estoy congelada…
-Pues abrázate a mí, princesa. –Me abracé a su pecho y me rodeó con los brazos-.
-Hm… Creía que hoy no iba a dormir tan bien. –Se rió y me dio un beso en la cabeza- Buenas noches…
-Buenas noches, mi niña. –Creo que no pasaron ni dos minutos hasta que me dormí entre sus brazos-.

Dicen que los sueños siempre son perfectos, que son lo que te gustaría que pasara realmente y lo que ves inalcanzable. Pues bien, yo esa noche soñé exactamente lo que había vivido desde que conocí a Dani, y entonces estuve segura de que no podía ser más feliz, de que mi vida era perfecta.