Intentaba
hacer memoria, la cara de ese hombre me sonaba y su sonrisa también, pero no
tenía ni idea de quien era.
-Por
fin, tenía muchas ganas de conocerte… He oído hablar mucho de ti. –Sonrió y me
dio dos besos-.
-Ya,
ya… Pero ¿quién eres? –Me reí-.
-Soy
Juanp, el amigo de Dani.
-¡Ostras,
Juanp! El famoso Juanp… Yo también he oído hablar mucho de ti.
-¿Has
venido con Dani, no?
-¿Con
Dani? –Le miré extrañada-. Qué va, vengo con los de mi programa… ¿Es que está
Dani aquí?
-Míralo,
allí mismo le tienes.
Me
señaló una esquina de la discoteca, Dani estaba hablando con al que reconocí
como su hermano Nacho y una chica rubia. Me despedí de Juanp con dos besos y me
fui hacia allí.
Me
acerqué y le tapé los ojos con mis manos desde atrás susurrándole en el oído
para que nadie más lo oyera.
-Parece
que al final no voy a dormir sola esta noche.
-¿Cris?
–Se dio la vuelta y me estrujó en un abrazo-. ¡Cris! –Me reí y le di un pequeño
beso en los labios-.
-Qué
casualidad que hayamos venido al mismo sitio.
-Pues
sí, mi niña… ¿Cómo me has encontrado?
-Bueno,
digamos que ya he conocido al famoso Juanp. –Subí mis brazos a su cuello y él
me agarró por la cintura-.
-Espero
que no te haya asustado mucho… -Nos reímos y me dio otro beso muy dulce-.
Venga, que te presento a los demás. –Me presentó a Nacho, Chuspi y a Carolina,
la chica rubia, su prima. Habían venido todos de León a pasar unos días y
parecía que nos conociésemos de toda la vida, eran geniales-.
-Peque,
vamos para la barra y te invito a algo. –Asentí y me pedí un malibú con piña,
era lo único que bebía-.
-¿Tú
no quieres nada?
-No,
no, qué va. Ya me he tomado una antes y tengo que conducir. –Me encantó su
respuesta. Me levanté y me coloqué entre sus piernas, él estaba sentado en un
taburete cerca de la barra. Rocé mis labios con los suyos y sonrió-.
-Dani…
-Dime.
–Me acarició la cara y yo le abracé por la cintura-.
-Que
te quiero. –Sonrió acercando mi cara a la suya para acortar la distancia que
quedaba entre nosotros y me besó muy despacio, como si quisiera dejar ese
momento grabado en su cabeza para siempre, pero le noté muy raro-.
-Cariño,
¿te pasa algo?
-No,
nada… No te preocupes.
-Bueno…
-Ah,
y yo también te quiero, preciosa. –Sonreí y volvió a besarme igual que antes,
lento, disfrutando de cada milímetro de mis labios igual que yo de los suyos-.
Vámonos a casa.
-Por
favor… -Me mordí el labio y salimos de la discoteca de la mano. Ya en el coche
le mandé un whatsapp a Patricia diciendo que me había ido con Dani-.
-Dani,
¿me vas a contar lo que te pasa? –Me miró un segundo a los ojos y me cogió la
mano colocándola en su pierna-.
-Que
no pasa nada Cris, en serio. Tú no te preocupes.
-Pero
es que estás muy raro…
-¿Raro,
cómo?
-No
sé, como con la mirada perdida y como triste, y me besas diferente, como con
pena… Como si fuera la última vez que lo haces. –Dio un respingo en el asiento
después de esta última frase y no me dio buena impresión-. Dani, dentro de dos
semanas tengo que volver a hacerme las pruebas… -Puso media sonrisa y me apretó
la mano-.
-Seguro
que estará todo bien.
-Eso
espero…
Seguía
notándole raro, pero no dije nada y subimos a su casa. Cuando cerró la puerta
me cogió de la cintura y me abrazó pegándome a él.
-Escucha,
Dani… No sé lo que te pasa ni si me lo quieres contar, pero yo estoy aquí
siempre ¿vale?
-Ese
es el problema. –Me separé de él-.
-¿Cómo?
-Nada,
da igual… Ven aquí, por favor. –Me alargó la mano pero no se la cogí-.
-¿Por
qué has dicho eso?
-Cris,
por favor… Déjame disfrutar de ti. –Tenía los ojos vidriosos y se le quebraba
la voz. No sabía qué le pasaba, pero sabía que me necesitaba. Me acerqué a él
quitándome los tacones y le abracé dejándole pequeños besos en el cuello. Me
cogió la cara entre sus manos y juntó sus labios con los míos en besos cortos-
Cris, quiero que hoy sea especial, quiero que sea como nunca, ¿vale? –Asentí con
la cabeza y le desabroché un botón de su camisa-.
Fuimos
andando hasta su habitación chocándonos con todas las paredes de la casa, nos
daba igual. Abrió mis labios con los suyos y suspiré al notar nuestras lenguas
en contacto otra vez. Me desnudó muy despacio, disfrutando y mirando cada parte
de mi cuerpo como si fuera la primera vez que lo hacía y yo también me deshice
de su ropa en poco tiempo.
Cuando
los dos estábamos desnudos me tumbó en la cama y se tumbó encima mío, me besaba
el cuello muy despacio y clavé mis uñas en su espalda suspirando en su oído. Se
incorporó y me miró a los ojos.
-Cris…
-Teníamos los dos la respiración acelerada-. Quiero que sepas que eres lo mejor
que me ha pasado nunca, y que nunca, jamás, voy a querer a nadie como te quiero
a ti.
Esas
palabras fueron directas a mi estómago y se me escapó una lágrima al
escucharlas. Le respondí de la mejor forma posible. Le besé quedando encima de
él y bajé mis besos por todo su pecho acariciándole donde sabía que más le
gustaba. Volvió a girarnos y noté una lágrima suya en mi mejilla, pero justo
cuando iba a preguntarle de nuevo qué le pasaba comenzó a hacerme el amor. Ya
no sabía cuántas veces me había hecho suya en esa misma cama, solo sabía que
quería que ocurriera igual hasta el resto de mis días.
Y
lo fue, fue especial, los dos disfrutamos como nunca varias veces esa noche.